¿Sos mayor de 18?
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Beber con moderación. Prohibida su venta a menores de 18 años.
270 tragos
Dulce y salino. El aperitivo de jerez dulce con vermut rojo.
Ácido y espumoso. La estructura sour aplicada al tequila reposado.
Cítrico y burbujeante. El French 75 cubano con ron.
Herbal, seco y potente. El martini con Chartreuse amarillo.
Seco y afrutado. El clásico del hotel neoyorquino que le da nombre.
Dulce y ácido. El sour de almendra con espuma de clara.
Amargo, ácido y espumoso. El sour digestivo con amaro de cuerpo.
Amargo, largo y de baja graduación. El aperitivo para toda la tarde.
Amargo, ácido y espumoso. El Aperol elevado a estructura sour.
Amargo suave, dulce y burbujeante. El aperitivo del norte de Italia.
Dulce y ácido. El martini de manzana verde de los dosmiles.
Ácido y dulce con almendra. El sour con orgeat menos conocido.
Floral, ácido y violeta. El clásico que casi se pierde con la Prohibición.
Dulce y en capas. El shot que se sirve sin mezclar.
Ácido y rosado. El Daiquiri con granadina, defendido en tribunales.
Dulce y tropical. El highball playero con dos rones.
Frutal y especiado. La receta barbadense de la rima de proporciones.
Cítrico y seco. El Sidecar ruso con vodka en vez de cognac.
Seco y salino. El aperitivo de baja graduación con jerez y vermut.
Salada, dulce y burbujeante. Tequila con cola, hecho bien.
Cachaça licuada con pulpa de fruta y leche condensada, fresca y tropical.
Dulce y tropical. El highball de arándano y piña.
Dulce, cítrico y floral. El sour de la era de la Prohibición.
Dulce, frutal y burbujeante. El clásico veneciano con durazno.
Cítrico y potente. El Sidecar con ron y ginebra combinados.
Dulce, herbal y con cuerpo. El cóctel joya de tres piedras.
Amargo, profundo y oscuro. El Manhattan con amaro en vez de vermut.
Dulce, intenso y sin lácteos. El White Russian sin la crema.
Seco y con cuerpo tostado. El champagne con cerveza negra.
Ácido y frutal. El sour de rye con pomelo y granadina.
Frutal, herbal y sedoso. El clásico escocés con jugo de naranja.
Salado, especiado y espeso. El Bloody Mary con tequila.
Salado, especiado y espeso. El clásico de la mañana siguiente.
Shot en capas para tomar sin manos, amaretto y crema irlandesa coronados con crema batida.
El tiki original de 1957 nacido en Waikiki para lucir el blue curaçao, cítrico y sin crema de coco.
Dulce, cremoso y azul. El tiki visual de las islas.
Dulce, cítrico y azul. El highball visual de los ochenta.
Floral, azul y elegante. El martini con licor de violeta.
Amargo y cálido. El Negroni que cambió la ginebra por whisky.
Ácido, frutal y visual. El highball moderno de Dick Bradsell.
Un smash herbal que combina el amargor del fernet con ananá, lima y menta fresca.
Cremoso y achocolatado. El postre de coctelera de la vieja escuela.
Cítrico y elegante. El antecesor del Sidecar con el borde de azúcar.
Ácido y espumoso. La estructura sour aplicada al brandy.
Cítrico, amargo y untuoso. El martini con mermelada de naranja.
Dulce, cítrico y con doble vermut. El clásico neoyorquino olvidado.
Seco y con notas de cereza amarga. El primo menos conocido del Manhattan.
Cítrico y con miel. El clásico de Hollywood de los años treinta.
Especiado y cítrico. El Sidecar de San Francisco con ron especiado.
Café caliente con whisky escocés y helado de vainilla, más indulgente que su primo irlandés.
El clásico brasileño de cachaça, lima y azúcar machacados directo en el vaso.
Ácido y refrescante. La Caipirinha con vodka en vez de cachaça.
Amargo y espumoso. El Campari batido hasta formar espuma propia.
Cítrico y burbujeante. El highball servido tradicionalmente en jarrito de barro.
Ácido y frutal. El highball de arándano más simple de la barra.
Dulce y herbal. El clásico peruano de pisco con vermut rojo.
Seco, cítrico y con cuerpo de cereza. Clásico de manual pre Prohibición.
Especiado y burbujeante. El clásico de un terrón de azúcar y bitter.
Dulce, frutal y visual. El primo mexicano del Tequila Sunrise.
Seco y burbujeante. El Cuba Libre mexicano con tequila.
Herbal y helado. El swizzle tropical dominado por Chartreuse.
Dulce, cremoso y tropical. La Piña Colada con vodka en vez de ron.
Cítrico y picante. El highball peruano de pisco con ginger ale.
Trago largo de tequila con manzana, limón y cassis, nacido en un restaurante de Nuevo México.
El Dry Martini porteño de Pichín Policastro: casi puro gin, sin aceituna, con un twist de limón.
La sangría argentina: vino blanco bien frío macerado con frutas de estación.
Rosado, sedoso y ácido. El sour con espuma de frambuesa.
Dulce, afrutado y directo. La estructura Old Fashioned aplicada al cognac.
Un Negroni de especialidad que suma cold brew de café al trío clásico de gin, vermouth y Campari.
Dulce y con notas de café. El tequila que se encuentra con el licor de café.
Amargo y cítrico. El Aperol Spritz con vodka para más cuerpo.
Dulce, cremoso y navideño. El eggnog puertorriqueño con coco.
Oscuro y especiado. El Old Fashioned de las Bermudas con melaza.
Potente y seco. El reanimador con cognac, previo a la versión con gin.
Cítrico, seco y anisado. El reanimador clásico de resacas.
Ácido y burbujeante. El Cosmopolitan coronado con espumante.
Cítrico, seco y rosado. Ícono de los noventa.
Dulce, cítrico y burbujeante. Highball sin misterio y sin error.
Shot flambeado de bar mexicano, en capas de licor de café y tequila.
Fresco y herbal. El smash de pepino y menta.
Amargo y herbal. El highball digestivo más simple de dos ingredientes.
Julep bajo en alcohol de raíz argentina, amargor vegetal del Cynar con pomelo y menta.
Amargo, herbal y burbujeante. El spritz de alcachofa italiano.
Ácido, seco y equilibrado. La prueba de fuego de todo bartender.
Daiquiri frozen de frutilla, licuado hasta quedar cremoso.
Picante y oscuro. El highball de las Bermudas con ginger beer.
Dulce, anisado y complejo. El clásico criollo con tres licores.
Anisado y burbujeante. El clásico atribuido a Hemingway.
Cítrico y festivo. El Gin Fizz que cambia la soda por champagne.
Ácido y con notas de cereza amarga. El moderno clásico de Deep Ellum.
Seco, frío y afilado. El cóctel más pedido de la historia.
Picante, frutal y burbujeante. El highball con cassis y ginger beer.
Seco y frutal. El clásico cubano previo a la revolución.
Floral y cítrico. El fizz con licor de sauco.
Dulce, intenso y sedoso. Café con estructura de cóctel.
Amargo y burbujeante. El Fernet con cola, ritual de barra sudamericano.
Ácido y limpio con un toque amargo. El sour minimalista.
Dulce y burbujeante. El martini rosado con espumante.
Complejo y potente. El tiki que combina tres destilados distintos.
Cítrico y efervescente. Elegancia con filo.
Dulce y con notas de almendra. El cognac con amaretto, sin coctelera.
Frutal y espumoso. El martini con piña y frambuesa.
Herbal y cítrico. El sour de rye con Benedictine.
El aperitivo de verano porteño: Gancia batido con limón y azúcar hasta quedar blanquecino.
El aperitivo italiano de barra: Campari y jugo de naranja recién exprimido.
Un Dry Martini de barra con cebollita encurtida en vez de aceituna.
Ácido, limpio y contundente. Tres ingredientes, cero adornos.
Herbal, cítrico y fresco. El smash moderno alemán.
Cítrico, burbujeante y ligero. El fizz simple sin lácteos.
Seco, cítrico y sin azúcar. El highball más austero de la barra.
Ácido y espumoso. La estructura sour aplicada a la ginebra.
Fresco, botánico y burbujeante. El highball más versátil de la barra.
Picante y cítrico. El smash de jengibre para paladares intensos.
Dulce y con notas de almendra. El highball corto de dos ingredientes.
Dulce, con almendra. El Godfather con vodka en vez de whisky.
Dulce, cítrico y directo. El sour minimalista de tres ingredientes.
Dulce y cremoso. El postre de coctelera con Galliano.
Amaderada y cítrica. La Margarita con tequila añejo.
Dulce y mentolado. El postre verde de coctelera de los sesenta.
Cítrico y amargo. El Salty Dog sin la sal en el borde.
Amargo, herbal y aromático. El clásico del American Bar del Savoy.
Dulce y herbal. El Screwdriver coronado con Galliano.
Ácido y amargo. El Daiquiri sin azúcar que pedía el escritor.
Dulce y cítrico. El Daiquiri de miel, minimalista y directo.
Cítrico y burbujeante. El highball con cáscara de limón en espiral.
Cálido, cítrico y reconfortante. El remedio clásico de invierno.
Floral, dulce y burbujeante. El spritz con sauco en vez de amargo.
Dulce, frutal e intenso. El clásico de Nueva Orleans en copa curvada.
Cálido, dulce y cremoso. El café con whiskey de la posguerra.
Cítrico y agavero. El fizz mexicano con tequila reposado.
Herbal y ácido. El sour de tequila con Chartreuse verde.
Cítrico y amargo. El moderno clásico con Campari en dosis mínima.
Cítrico y largo. El Tom Collins con whiskey en vez de ginebra.
Floral, rosado y ácido. El smash contemporáneo con pepino y rosas.
Amargo y tropical. El moderno clásico malayo con Campari.
Ácido y seco. El shot elevado a cóctel de coctelera.
Picante, cítrico y burbujeante. El Moscow Mule con bourbon.
Amargo y frutal. El Negroni jamaiquino con ron en vez de ginebra.
Dulce y ácido. El aperitivo francés con vino blanco en vez de champagne.
Dulce y burbujeante. El aperitivo francés más elegante.
Herbal, dulce y en partes iguales. El clásico de Detroit rescatado del olvido.
Ácido y dulce con escarcha de azúcar. El martini pensado como postre.
El trago largo más famoso del mundo: cinco destilados blancos en partes iguales con un toque de cola.
Ácido y frutal. El highball de arándano y naranja.
Complejo, cítrico y tostado. El pilar de la coctelería tiki.
Un Negroni con alma escocesa: el gin cede su lugar a un whisky de malta.
Sedoso, especiado y profundo. El clásico de Nueva York.
Cítrica, salina y contundente. El sour mexicano definitivo.
Dulce, herbal y ancestral. El eslabón entre el Manhattan y el Martini.
Tropical y ácido. El Daiquiri mexicano con jugo de piña.
Ácido y frutal. El Cosmopolitan sin Cointreau, con azúcar en su lugar.
Cítrico y efervescente. El French 75 mexicano con tequila.
Picante y cítrico. El Moscow Mule con tequila.
Ahumada, cítrica y salina. La Margarita con humo.
Amargo y ahumado. El Negroni con mezcal en vez de ginebra.
Cítrica, salina y ahumada. La Paloma con mezcal en vez de tequila.
Ácido y ahumado. La estructura sour aplicada al mezcal.
Cítrico y burbujeante. El clásico de brunch en partes iguales.
Herbal, dulce y helado. El clásico del Derby de Kentucky.
Fresco y herbal. El tiki licuado con menta y durazno.
Herbal, cítrico y largo. Refresco cubano de manual.
Frutal, anisado y con historia extraña. Clásico del Harry's Bar de París.
Picante, cítrico y burbujeante. Servido helado en cobre.
Herbal, ahumado y en partes iguales. El Last Word con mezcal.
Complejo y cítrico. El clásico tiki con tres rones y miel.
Amargo, seco y directo. El aperitivo italiano por excelencia.
Amargo, burbujeante y ligero. El Negroni equivocado que salió bien.
Ácido y visual. El sour coronado con vino tinto flotante.
Dulce, ahumado y potente. El Old Fashioned mexicano con mezcal.
Dulce, robusto y clásico. El cóctel original.
Amargo y seco. El Boulevardier con vermut seco en vez de rojo.
Dulce, cremoso y tropical. El clásico tiki de las Islas Vírgenes.
Cítrica, salina y ligera. El trago que México toma de verdad.
Cítrica, salina y picante. La Paloma con un toque de chile.
Amargo, cítrico y en partes iguales. El moderno clásico de Sam Ross.
Cítrico y especiado. El clásico colonial del club de Rangún.
Ahumado, cítrico y picante. El clásico moderno más replicado.
Sedoso y balanceado entre dulce y seco. El Manhattan con doble vermut.
Trago largo bien fresco, vodka con un toque tropical de kiwi y el filo cítrico del limón.
Dulce, cremosa y tropical. El clásico de Puerto Rico.
Rosado, dulce y sedoso. Cóctel de coctelera clásica con calcetín de espuma.
Frutal y ácido. El clásico de San Francisco con piña.
Ácido y espumoso. El clásico peruano con clara de huevo.
Frutal y especiado. El punch jamaiquino de la rima de proporciones.
Dulce, tropical y con espumante aparte. El martini más pedido de la década.
Dulce y untuoso. El flip clásico con oporto y huevo entero.
Herbal y potente. Variante del Manhattan con Benedictine.
Seco, cítrico y burbujeante. El highball de whiskey con dos gaseosas.
Dulce, frutal y visual. La Margarita con pulpa de tuna.
Herbal y ácido. El swizzle clásico de Trinidad con abundante menta.
Cremoso, cítrico y aireado. El fizz que exige brazo de bartender.
Seco, mineral y burbujeante. El highball texano de tres ingredientes.
Salado, especiado y espeso. El Bloody Mary original, antes de que fuera con vodka.
Dulce, anisado y potente. El Manhattan con absenta y cereza.
Dulce, herbal y potente. El Manhattan escocés.
Amargo y herbal. El Negroni mexicano con tequila.
Dulce, frutal y burbujeante. El Bellini con frutilla en vez de durazno.
Cítrico y largo. El Tom Collins con ron en vez de ginebra.
Cítrico, burbujeante y ligero. El fizz de ron sin lácteos.
Picante y cítrico. El smash de ron con jengibre fresco.
Dulce, tostado y directo. La estructura Old Fashioned con ron oscuro.
Frutal y equilibrado. El punch caribeño de la regla de proporciones.
Seco, cítrico y sin azúcar. El Rickey clásico con ron.
Dulce, frutal y potente. El clásico de los Cayos de Florida.
Ácido y espumoso. La estructura sour aplicada al ron dorado.
Ácido, amargo y helado. El clásico batido con cuchara en las Bermudas.
Ácido y burbujeante. El punch individual con vodka, cassis y champagne.
Dulce, herbal y potente. Dos ingredientes, ningún adorno.
Cítrico y salino. El Greyhound con el borde escarchado.
El clásico español de las tardes de verano: vino tinto macerado con brandy y fruta fresca.
Shot flambeado de alta graduación, con un golpe de fuego que arranca la noche.
Especiado, anisado y potente. El cóctel oficial de Nueva Orleans.
Cítrico y seco. El clásico nacido para burlar la ley seca en París.
Frutal y potente. El tiki de coctelera compartida entre dos destilados.
Cítrico y directo. El highball de dos ingredientes más simple de la barra.
Ácido y frutal. El highball de arándano y pomelo.
Especiado y burbujeante. El clásico de Louisville con champagne.
Dulce, frutal y rosado. El highball tropical de los noventa.
Frutal y refrescante. El clásico de hielo picado con jerez.
Cítrico, seco y elegante. La escuela francesa del sour.
Ácido y amargo. El sour de tequila con Campari y pomelo.
Cítrico, aireado y ligero. El fizz clásico con espuma de clara.
Frutal, complejo y largo. El ícono del Raffles Hotel.
Herbal, ácido y fresco. El mojito seco de la coctelería clásica.
Dulce y especiado. El punch navideño con ron especiado.
Ácida y picante. La Margarita con jalapeño macerado.
Especiado, cítrico y largo. El highball tiki del desierto egipcio.
Amargo y botánico. El aperitivo francés servido como highball.
Ácida y agridulce. La Margarita con pulpa de tamarindo.
Cítrico y largo. El Tom Collins con tequila en vez de ginebra.
Cítrico, burbujeante y ligero. El fizz de tequila sin lácteos.
Ácido, limpio y contundente. El Gimlet clásico con tequila.
Picante y cítrico. El smash de tequila con jengibre fresco.
Dulce, agavero y directo. La estructura Old Fashioned aplicada al tequila.
Seco, cítrico y sin azúcar. El Rickey clásico con tequila.
Cítrico y herbal. El smash de tequila con menta.
Dulce, frutal y visual. El degradado más reconocible de la barra.
Seco y directo. El ritual antillano de tres ingredientes al gusto.
Cítrico, largo y refrescante. Limonada de barra con carácter.
Ácida y agavera. La Margarita sin licor de naranja, con agave puro.
Frutal y seco. El clásico vintage con licor de damasco.
Amargo y anisado. El Old Fashioned canadiense con Fernet.
Ácido y amargo en dosis invertida. El sour donde el bitter es protagonista.
Seco, anisado y elegante. Variante del Martini con absenta.
Cítrico y achocolatado. El sour con crema de cacao blanco.
Salado, cítrico y especiado. El highball rojo tradicional de México.
Seco, potente y directo. El martini que pidió James Bond.
Complejo, especiado y con cuerpo. El clásico de Nueva Orleans a tres destilados.
Cítrico y largo. El Tom Collins con vodka en vez de ginebra.
Frío, limpio y directo. El Martini que reemplaza la ginebra por vodka.
Seco, cítrico y sin azúcar. El Rickey clásico con vodka.
Ácido y espumoso. La estructura sour aplicada al vodka.
Dulce, frutal y visual. El degradado del Tequila Sunrise con vodka.
Limpio, seco y directo. Highball sin vueltas.
Amargo y directo. El Negroni con vodka en vez de ginebra.
Anisado y dulce. El Manhattan con absenta del hotel neoyorquino.
Cítrico y frutal. El sour de rye con granadina de Boston.
Dulce y fresco. El highball de sandía para el verano.
Dulce, fresco y visual. La Margarita de sandía para el verano.
Seco, burbujeante y sencillo. El highball japonés que revive el whisky.
Seco, cítrico y sin azúcar. El Rickey clásico con bourbon.
Cítrico, herbal y refrescante. El julep con limón que se volvió moderno clásico.
Ácido, sedoso y equilibrado. La escuela del sour en su forma pura.
Cítrico y transparente. El Cosmopolitan sin arándano, con pomelo.
Seco, cítrico y elegante. El primo gin del Sidecar.
Amargo, floral y seco. El Negroni sin Campari ni vermut rojo.
Dulce, cremoso y espeso. El clásico de sobremesa con crema.
Herbal, dulce y potente. Clásico con dos licores de hierbas franceses.
Dulce y frutal. El shot de los ochenta convertido en highball.
Complejo y potente. El tiki con más historia y más ron de la barra.