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336 tragos
La versión azul del Long Island Iced Tea, con Curaçao azul y Sprite: muy pedido en boliches internacionales.
Dulce y salino. El aperitivo de jerez dulce con vermut rojo.
Ácido y espumoso. La estructura sour aplicada al tequila reposado.
Cítrico y burbujeante. El French 75 cubano con ron.
Herbal, seco y potente. El martini con Chartreuse amarillo.
Seco y afrutado. El clásico del hotel neoyorquino que le da nombre.
Dulce y ácido. El sour de almendra con espuma de clara.
El aperitivo de Rosario desde 1888: amargo herbal con limón y soda, directo y sin vueltas.
Amargo, ácido y espumoso. El sour digestivo con amaro de cuerpo.
Amargo, largo y de baja graduación. El aperitivo para toda la tarde.
Amargo, ácido y espumoso. El Aperol elevado a estructura sour.
Amargo suave, dulce y burbujeante. El aperitivo del norte de Italia.
Dulce y ácido. El martini de manzana verde de los dosmiles.
Ácido y dulce con almendra. El sour con orgeat menos conocido.
Mitad té helado, mitad limonada: el clásico americano, simple y sin vueltas.
Floral, ácido y violeta. El clásico que casi se pierde con la Prohibición.
Dulce y en capas. El shot que se sirve sin mezclar.
Shot en capas que imita a una pinta de Guinness en miniatura: licor de café abajo, Bailey's flotando arriba.
Ácido y rosado. El Daiquiri con granadina, defendido en tribunales.
Dulce y tropical. El highball playero con dos rones.
Frutal y especiado. La receta barbadense de la rima de proporciones.
Cítrico y seco. El Sidecar ruso con vodka en vez de cognac.
Seco y salino. El aperitivo de baja graduación con jerez y vermut.
Salada, dulce y burbujeante. Tequila con cola, hecho bien.
Cachaça licuada con pulpa de fruta y leche condensada, fresca y tropical.
Dulce y tropical. El highball de arándano y piña.
Dulce, cítrico y floral. El sour de la era de la Prohibición.
Dulce, frutal y burbujeante. El clásico veneciano con durazno.
Cítrico y potente. El Sidecar con ron y ginebra combinados.
Dulce, herbal y con cuerpo. El cóctel joya de tres piedras.
Amargo, profundo y oscuro. El Manhattan con amaro en vez de vermut.
Dulce, intenso y sin lácteos. El White Russian sin la crema.
Seco y con cuerpo tostado. El champagne con cerveza negra.
Ácido y frutal. El sour de rye con pomelo y granadina.
Frutal, herbal y sedoso. El clásico escocés con jugo de naranja.
Salado, especiado y espeso. El Bloody Mary con tequila.
Salado, especiado y espeso. El clásico de la mañana siguiente.
Jugo de tomate bien condimentado con salsas, limón y apio: todo el carácter del Bloody Mary, sin vodka.
Shot en capas para tomar sin manos, amaretto y crema irlandesa coronados con crema batida.
El tiki original de 1957 nacido en Waikiki para lucir el blue curaçao, cítrico y sin crema de coco.
Dulce, cremoso y azul. El tiki visual de las islas.
Dulce, cítrico y azul. El highball visual de los ochenta.
Floral, azul y elegante. El martini con licor de violeta.
Amargo y cálido. El Negroni que cambió la ginebra por whisky.
Ácido, frutal y visual. El highball moderno de Dick Bradsell.
Branca Menta, el licor de menta de la casa Branca, con Sprite bien frío. No es una variante del Fernet Branca clásico, es otro producto de la misma destilería.
Un smash herbal que combina el amargor del fernet con ananá, lima y menta fresca.
Cremoso y achocolatado. El postre de coctelera de la vieja escuela.
Cítrico y elegante. El antecesor del Sidecar con el borde de azúcar.
Ácido y espumoso. La estructura sour aplicada al brandy.
Cítrico, amargo y untuoso. El martini con mermelada de naranja.
Dulce, cítrico y con doble vermut. El clásico neoyorquino olvidado.
Seco y con notas de cereza amarga. El primo menos conocido del Manhattan.
Cítrico y con miel. El clásico de Hollywood de los años treinta.
Especiado y cítrico. El Sidecar de San Francisco con ron especiado.
Café caliente con whisky escocés y helado de vainilla, más indulgente que su primo irlandés.
El clásico brasileño de cachaça, lima y azúcar machacados directo en el vaso.
La caipirinha de siempre, pero con ron blanco en vez de cachaça.
Versión con tequila de la caipirinha clásica. Nombre no estandarizado a nivel internacional, variante de autor sobre la receta original.
Ácido y refrescante. La Caipirinha con vodka en vez de cachaça.
Build directo simple, distinto del Negroni o el Americano: Campari con jugo de naranja.
Amargo y espumoso. El Campari batido hasta formar espuma propia.
Cítrico y burbujeante. El highball servido tradicionalmente en jarrito de barro.
Ácido y frutal. El highball de arándano más simple de la barra.
Dulce y herbal. El clásico peruano de pisco con vermut rojo.
Seco, cítrico y con cuerpo de cereza. Clásico de manual pre Prohibición.
Bailey's con un chorrito de lima justo antes de tomarlo: se corta en la boca, esa es la gracia.
Especiado y burbujeante. El clásico de un terrón de azúcar y bitter.
Dulce, frutal y visual. El primo mexicano del Tequila Sunrise.
Seco y burbujeante. El Cuba Libre mexicano con tequila.
Herbal y helado. El swizzle tropical dominado por Chartreuse.
Dulce, cremoso y tropical. La Piña Colada con vodka en vez de ron.
Cítrico y picante. El highball peruano de pisco con ginger ale.
Trago largo de tequila con manzana, limón y cassis, nacido en un restaurante de Nuevo México.
El Dry Martini porteño de Pichín Policastro: casi puro gin, sin aceituna, con un twist de limón.
La sangría argentina: vino blanco bien frío macerado con frutas de estación.
Rosado, sedoso y ácido. El sour con espuma de frambuesa.
Dulce, afrutado y directo. La estructura Old Fashioned aplicada al cognac.
Un Negroni de especialidad que suma cold brew de café al trío clásico de gin, vermouth y Campari.
Dulce y con notas de café. El tequila que se encuentra con el licor de café.
Amargo y cítrico. El Aperol Spritz con vodka para más cuerpo.
Dulce, cremoso y navideño. El eggnog puertorriqueño con coco.
Oscuro y especiado. El Old Fashioned de las Bermudas con melaza.
Potente y seco. El reanimador con cognac, previo a la versión con gin.
Cítrico, seco y anisado. El reanimador clásico de resacas.
Ácido y burbujeante. El Cosmopolitan coronado con espumante.
Cítrico, seco y rosado. Ícono de los noventa.
Arándanos, lima y soda en copa de vino: liviano y con burbujas, para brindar sin alcohol.
Dulce, cítrico y burbujeante. Highball sin misterio y sin error.
Shot flambeado de bar mexicano, en capas de licor de café y tequila.
Fresco y herbal. El smash de pepino y menta.
Amargo y herbal. El highball digestivo más simple de dos ingredientes.
Julep bajo en alcohol de raíz argentina, amargor vegetal del Cynar con pomelo y menta.
Amargo, herbal y burbujeante. El spritz de alcachofa italiano.
Ácido, seco y equilibrado. La prueba de fuego de todo bartender.
Daiquiri frozen de frutilla, licuado hasta quedar cremoso.
Picante y oscuro. El highball de las Bermudas con ginger beer.
Dulce, anisado y complejo. El clásico criollo con tres licores.
Anisado y burbujeante. El clásico atribuido a Hemingway.
Cítrico y festivo. El Gin Fizz que cambia la soda por champagne.
Ácido y con notas de cereza amarga. El moderno clásico de Deep Ellum.
Seco, frío y afilado. El cóctel más pedido de la historia.
Licor de café, Bailey's y whisky canadiense en capas: clásico de bar norteamericano.
Picante, frutal y burbujeante. El highball con cassis y ginger beer.
Seco y frutal. El clásico cubano previo a la revolución.
Floral y cítrico. El fizz con licor de sauco.
Dulce, intenso y sedoso. Café con estructura de cóctel.
Amargo y burbujeante. El Fernet con cola, ritual de barra sudamericano.
La variante cítrica del fernet con cola: Fernet Branca con soda de pomelo.
El clásico argentino de boliche y previa: fernet con Coca-Cola bien fría, en la proporción de siempre.
Un clásico ferroviario argentino de los años 30: fernet, vermut rojo y soda, mitad amargo y mitad refrescante.
Whisky de canela servido bien helado, directo del freezer.
Ácido y limpio con un toque amargo. El sour minimalista.
Amaretto y ron overproof flambeado, que se deja caer en un vaso de cerveza rubia.
Dulce y burbujeante. El martini rosado con espumante.
Complejo y potente. El tiki que combina tres destilados distintos.
Cítrico y efervescente. Elegancia con filo.
Dulce y con notas de almendra. El cognac con amaretto, sin coctelera.
Frutal y espumoso. El martini con piña y frambuesa.
Herbal y cítrico. El sour de rye con Benedictine.
El aperitivo de verano porteño: Gancia batido con limón y azúcar hasta quedar blanquecino.
El aperitivo italiano de barra: Campari y jugo de naranja recién exprimido.
Un Dry Martini de barra con cebollita encurtida en vez de aceituna.
Ácido, limpio y contundente. Tres ingredientes, cero adornos.
Herbal, cítrico y fresco. El smash moderno alemán.
Variante muy instalada en Argentina del Gin Tonic: gin con soda de pomelo en vez de tónica.
Cítrico, burbujeante y ligero. El fizz simple sin lácteos.
Seco, cítrico y sin azúcar. El highball más austero de la barra.
Ácido y espumoso. La estructura sour aplicada a la ginebra.
Fresco, botánico y burbujeante. El highball más versátil de la barra.
El gin tonic de siempre con un toque frutado y dulce de frambuesa y arándanos frescos.
Versión fresca y herbal del gin tonic clásico, con pepino machacado.
Gin tonic con el amargor cítrico del pomelo y el aroma herbal de la albahaca fresca.
Picante y cítrico. El smash de jengibre para paladares intensos.
Dulce y con notas de almendra. El highball corto de dos ingredientes.
Dulce, con almendra. El Godfather con vodka en vez de whisky.
Dulce, cítrico y directo. El sour minimalista de tres ingredientes.
Dulce y cremoso. El postre de coctelera con Galliano.
Amaderada y cítrica. La Margarita con tequila añejo.
Dulce y mentolado. El postre verde de coctelera de los sesenta.
A pesar del nombre no lleva té: whiskey irlandés y licor de durazno con un toque cítrico y Sprite.
Cítrico y amargo. El Salty Dog sin la sal en el borde.
Amargo, herbal y aromático. El clásico del American Bar del Savoy.
Dulce y herbal. El Screwdriver coronado con Galliano.
Ácido y amargo. El Daiquiri sin azúcar que pedía el escritor.
Dulce y cítrico. El Daiquiri de miel, minimalista y directo.
Cítrico y burbujeante. El highball con cáscara de limón en espiral.
Cálido, cítrico y reconfortante. El remedio clásico de invierno.
Floral, dulce y burbujeante. El spritz con sauco en vez de amargo.
Dulce, frutal e intenso. El clásico de Nueva Orleans en copa curvada.
El equivalente cervecero del Jägerbomb: un shot de whiskey irlandés y Bailey's que se deja caer entero en una cerveza stout.
Cálido, dulce y cremoso. El café con whiskey de la posguerra.
Versión servida (no bomba) de Jäger con energizante: se toma de a sorbos, no de un golpe.
El bomb shot clásico de boliche: un shot de Jäger que se deja caer entero en un vaso de energizante.
Jägermeister servido helado, directo del freezer, como se toma en cualquier boliche.
Cítrico y agavero. El fizz mexicano con tequila reposado.
Herbal y ácido. El sour de tequila con Chartreuse verde.
Cítrico y amargo. El moderno clásico con Campari en dosis mínima.
Cítrico y largo. El Tom Collins con whiskey en vez de ginebra.
Floral, rosado y ácido. El smash contemporáneo con pepino y rosas.
Amargo y tropical. El moderno clásico malayo con Campari.
Ácido y seco. El shot elevado a cóctel de coctelera.
Picante, cítrico y burbujeante. El Moscow Mule con bourbon.
Amargo y frutal. El Negroni jamaiquino con ron en vez de ginebra.
Dulce y ácido. El aperitivo francés con vino blanco en vez de champagne.
Dulce y burbujeante. El aperitivo francés más elegante.
Herbal, dulce y en partes iguales. El clásico de Detroit rescatado del olvido.
Ácido y dulce con escarcha de azúcar. El martini pensado como postre.
La versión shot del Lemon Drop Martini: vodka, Cointreau y limón, con borde de azúcar.
La limonada de toda la vida: limón recién exprimido, almíbar liviano y mucho hielo.
Limón fresco con el picor justo del jengibre y el aroma de la menta recién machacada.
Limón con el color y la dulzura de los frutos rojos de estación.
Limón bien diluido y leche condensada, licuados juntos hasta lograr una textura cremosa.
Alternativa al Aperol Spritz con limoncello, prosecco y soda: muy pedido en verano.
El trago largo más famoso del mundo: cinco destilados blancos en partes iguales con un toque de cola.
Ácido y frutal. El highball de arándano y naranja.
Complejo, cítrico y tostado. El pilar de la coctelería tiki.
Ron de coco con jugo de ananá: simple, tropical, muy pedido en boliche de verano.
Un Negroni con alma escocesa: el gin cede su lugar a un whisky de malta.
Sedoso, especiado y profundo. El clásico de Nueva York.
Pulpa de maracuyá, lima y soda: ácido, tropical y con burbujas.
Cítrica, salina y contundente. El sour mexicano definitivo.
Dulce, herbal y ancestral. El eslabón entre el Manhattan y el Martini.
Tropical y ácido. El Daiquiri mexicano con jugo de piña.
Vodka, licor de melón y jugo de ananá: fresco, dulce, tropical.
Ácido y frutal. El Cosmopolitan sin Cointreau, con azúcar en su lugar.
Cítrico y efervescente. El French 75 mexicano con tequila.
Picante y cítrico. El Moscow Mule con tequila.
Ahumada, cítrica y salina. La Margarita con humo.
Amargo y ahumado. El Negroni con mezcal en vez de ginebra.
Cítrica, salina y ahumada. La Paloma con mezcal en vez de tequila.
Ácido y ahumado. La estructura sour aplicada al mezcal.
El clásico mexicano cada vez más pedido en Argentina: cerveza con limón, sal y un toque picante.
Cítrico y burbujeante. El clásico de brunch en partes iguales.
Vodka y licor de café en capas, con soda arriba: se toma entero con una bombilla, de un trago.
Herbal, dulce y helado. El clásico del Derby de Kentucky.
Fresco y herbal. El tiki licuado con menta y durazno.
Herbal, cítrico y largo. Refresco cubano de manual.
El mojito de siempre sin ron: lima, menta y soda bien fría, para el calor.
Frutal, anisado y con historia extraña. Clásico del Harry's Bar de París.
Picante, cítrico y burbujeante. Servido helado en cobre.
Ginger beer bien picante con lima fresca, servida en su clásica taza de cobre.
Herbal, ahumado y en partes iguales. El Last Word con mezcal.
Complejo y cítrico. El clásico tiki con tres rones y miel.
Amargo, seco y directo. El aperitivo italiano por excelencia.
Amargo, burbujeante y ligero. El Negroni equivocado que salió bien.
Ácido y visual. El sour coronado con vino tinto flotante.
Dulce, ahumado y potente. El Old Fashioned mexicano con mezcal.
Dulce, robusto y clásico. El cóctel original.
Amargo y seco. El Boulevardier con vermut seco en vez de rojo.
Dulce, cremoso y tropical. El clásico tiki de las Islas Vírgenes.
Cítrica, salina y ligera. El trago que México toma de verdad.
Cítrica, salina y picante. La Paloma con un toque de chile.
Amargo, cítrico y en partes iguales. El moderno clásico de Sam Ross.
Cítrico y especiado. El clásico colonial del club de Rangún.
Ahumado, cítrico y picante. El clásico moderno más replicado.
Sedoso y balanceado entre dulce y seco. El Manhattan con doble vermut.
Trago largo bien fresco, vodka con un toque tropical de kiwi y el filo cítrico del limón.
Dulce, cremosa y tropical. El clásico de Puerto Rico.
La piña colada de siempre, licuada con hielo, sin una gota de ron.
Rosado, dulce y sedoso. Cóctel de coctelera clásica con calcetín de espuma.
Frutal y ácido. El clásico de San Francisco con piña.
Ácido y espumoso. El clásico peruano con clara de huevo.
El trago nacional de Chile: pisco con Coca-Cola, simple y directo.
Frutal y especiado. El punch jamaiquino de la rima de proporciones.
El clásico argentino de verano con pomelo rosado, un toque de naranja para bajar el amargor.
Dulce, tropical y con espumante aparte. El martini más pedido de la década.
Dulce y untuoso. El flip clásico con oporto y huevo entero.
Herbal y potente. Variante del Manhattan con Benedictine.
Seco, cítrico y burbujeante. El highball de whiskey con dos gaseosas.
Dulce, frutal y visual. La Margarita con pulpa de tuna.
Vodka, licor de frambuesa y limón con Sprite: clásico de boliche de los 90.
Herbal y ácido. El swizzle clásico de Trinidad con abundante menta.
Cremoso, cítrico y aireado. El fizz que exige brazo de bartender.
Seco, mineral y burbujeante. El highball texano de tres ingredientes.
Salado, especiado y espeso. El Bloody Mary original, antes de que fuera con vodka.
Jägermeister, licor de durazno y jugo de arándano: dulce y directo, clásico de boliche.
Pepino, menta y lima licuados con soda: el mocktail más fresco para el calor.
Sandía licuada con menta, lima y soda; distinto del Watermelon Cooler con vodka de la carta.
Dulce, anisado y potente. El Manhattan con absenta y cereza.
Dulce, herbal y potente. El Manhattan escocés.
Amargo y herbal. El Negroni mexicano con tequila.
Dulce, frutal y burbujeante. El Bellini con frutilla en vez de durazno.
Cola con granadina y cereza: el compañero del Shirley Temple, dulce y directo.
Cítrico y largo. El Tom Collins con ron en vez de ginebra.
Cítrico, burbujeante y ligero. El fizz de ron sin lácteos.
Picante y cítrico. El smash de ron con jengibre fresco.
Dulce, tostado y directo. La estructura Old Fashioned con ron oscuro.
Frutal y equilibrado. El punch caribeño de la regla de proporciones.
Seco, cítrico y sin azúcar. El Rickey clásico con ron.
Dulce, frutal y potente. El clásico de los Cayos de Florida.
Ácido y espumoso. La estructura sour aplicada al ron dorado.
Ácido, amargo y helado. El clásico batido con cuchara en las Bermudas.
Ácido y burbujeante. El punch individual con vodka, cassis y champagne.
Dulce, herbal y potente. Dos ingredientes, ningún adorno.
Cítrico y salino. El Greyhound con el borde escarchado.
Tradición italiana de sobremesa: Sambuca con tres granos de café enteros flotando arriba.
El clásico español de las tardes de verano: vino tinto macerado con brandy y fruta fresca.
Shot flambeado de alta graduación, con un golpe de fuego que arranca la noche.
Especiado, anisado y potente. El cóctel oficial de Nueva Orleans.
Cítrico y seco. El clásico nacido para burlar la ley seca en París.
Frutal y potente. El tiki de coctelera compartida entre dos destilados.
Cítrico y directo. El highball de dos ingredientes más simple de la barra.
Ácido y frutal. El highball de arándano y pomelo.
Especiado y burbujeante. El clásico de Louisville con champagne.
Dulce, frutal y rosado. El highball tropical de los noventa.
Frutal y refrescante. El clásico de hielo picado con jerez.
El clásico mocktail de fiesta: ginger ale rosado con granadina y cereza al marrasquino.
Cítrico, seco y elegante. La escuela francesa del sour.
Ácido y amargo. El sour de tequila con Campari y pomelo.
Cítrico, aireado y ligero. El fizz clásico con espuma de clara.
Frutal, complejo y largo. El ícono del Raffles Hotel.
Sambuca y Bailey's en capas: dulce, anisado, clásico de bar italiano.
Herbal, ácido y fresco. El mojito seco de la coctelería clásica.
Dulce y especiado. El punch navideño con ron especiado.
Ácida y picante. La Margarita con jalapeño macerado.
Especiado, cítrico y largo. El highball tiki del desierto egipcio.
Jägermeister, ron de coco y jugo de ananá: variante tropical de Jäger, bien de boliche.
Amargo y botánico. El aperitivo francés servido como highball.
Ácida y agridulce. La Margarita con pulpa de tamarindo.
Cítrico y largo. El Tom Collins con tequila en vez de ginebra.
Variante mexicana menos conocida del shot de tequila: en vez de sal y limón, un gajo de naranja espolvoreado con canela.
La forma tradicional de tomar tequila en Jalisco: derecho, acompañado de sangrita en un vaso aparte, sin mezclar.
Cítrico, burbujeante y ligero. El fizz de tequila sin lácteos.
Ácido, limpio y contundente. El Gimlet clásico con tequila.
Picante y cítrico. El smash de tequila con jengibre fresco.
Dulce, agavero y directo. La estructura Old Fashioned aplicada al tequila.
Seco, cítrico y sin azúcar. El Rickey clásico con tequila.
El ritual clásico del shot de tequila: sal en la mano, trago derecho, mordida de limón.
Shot de tequila y gaseosa lima-limón que se toma apenas hace espuma, después de golpear el vaso contra la mesa.
Cítrico y herbal. El smash de tequila con menta.
Versión con tequila del highball clásico: liviano, fresco y fácil de tomar.
Dulce, frutal y visual. El degradado más reconocible de la barra.
Jugo de naranja con un amanecer de granadina cayendo al fondo del vaso, sin una gota de tequila.
Seco y directo. El ritual antillano de tres ingredientes al gusto.
El clásico español de las tardes de calor: vino tinto joven con gaseosa lima-limón bien fría, en partes iguales.
Cítrico, largo y refrescante. Limonada de barra con carácter.
Ácida y agavera. La Margarita sin licor de naranja, con agave puro.
Frutal y seco. El clásico vintage con licor de damasco.
Amargo y anisado. El Old Fashioned canadiense con Fernet.
Ácido y amargo en dosis invertida. El sour donde el bitter es protagonista.
Seco, anisado y elegante. Variante del Martini con absenta.
Cítrico y achocolatado. El sour con crema de cacao blanco.
Salado, cítrico y especiado. El highball rojo tradicional de México.
El aperitivo más simple de la barra: vermut con soda bien fría y una rodaja de limón.
Seco, potente y directo. El martini que pidió James Bond.
Complejo, especiado y con cuerpo. El clásico de Nueva Orleans a tres destilados.
Cítrico y largo. El Tom Collins con vodka en vez de ginebra.
El infaltable de boliche: vodka con bebida energizante bien fría.
Frío, limpio y directo. El Martini que reemplaza la ginebra por vodka.
Seco, cítrico y sin azúcar. El Rickey clásico con vodka.
El highball más simple de cualquier boliche: vodka con soda bien fría.
Ácido y espumoso. La estructura sour aplicada al vodka.
Dulce, frutal y visual. El degradado del Tequila Sunrise con vodka.
Limpio, seco y directo. Highball sin vueltas.
Amargo y directo. El Negroni con vodka en vez de ginebra.
Anisado y dulce. El Manhattan con absenta del hotel neoyorquino.
Cítrico y frutal. El sour de rye con granadina de Boston.
Dulce y fresco. El highball de sandía para el verano.
Dulce, fresco y visual. La Margarita de sandía para el verano.
Seco, burbujeante y sencillo. El highball japonés que revive el whisky.
Seco, cítrico y sin azúcar. El Rickey clásico con bourbon.
Cítrico, herbal y refrescante. El julep con limón que se volvió moderno clásico.
El highball de toda la vida: whisky con Coca-Cola, sin vueltas.
Ácido, sedoso y equilibrado. La escuela del sour en su forma pura.
Cítrico y transparente. El Cosmopolitan sin arándano, con pomelo.
Seco, cítrico y elegante. El primo gin del Sidecar.
Amargo, floral y seco. El Negroni sin Campari ni vermut rojo.
Dulce, cremoso y espeso. El clásico de sobremesa con crema.
Herbal, dulce y potente. Clásico con dos licores de hierbas franceses.
Dulce y frutal. El shot de los ochenta convertido en highball.
Complejo y potente. El tiki con más historia y más ron de la barra.